Ayer acabé de leer En el filo de tu piel de José Ignacio Valenzuela y debo decir que odié el libro... odié el verme tan reflejado en él, odié el haberlo devorado en un par de días y que terminara tan pronto, odié el quedarme con una sensación de desasosiego con el punto final.
Hay libros que uno lee y los disfruta, hay libros que uno lee y los termina por puro amor al arte, hay libros que nos fascinan por su estilo y narrativa y hay libros como En el filo de tu piel que se quedan grabados porque llegan a lo más profundo de tu ser y te obligan a enfrentarte con emociones sepultadas, te obligan a reconocer tu lado de luz y tu lado obscuro, te llegan al corazón sin darte cuenta.
Me voy a enamorar de ti como un idiota... así inicia el libro que trata de dos personas, que en este caso son homosexuales, pero bien podrían no haberlo sido; de su historia de amor y desamor; y de la identidad de cada uno como individuo. Trata de Diego y Ulises, Diego que deja todo por amor hasta su propia vida para volverse un satélite de la de Ulises y Ulises un ser con temor a dejarse amar y a amar libremente.
No contaré más porque la lectura e interpretación de un libro es distinto para cada persona y porque sería tratar de poner en unas cuantas líneas mal escritas lo que Valenzuela nos transmite en 200 páginas llenas de emoción. Lo que sí quiero contarles, y siendo este mi blog personal tiene todo el sentido, son las sensaciones que me hizo vivir el libro y las cavilaciones en las que me sumergió.
De entrada debo reconocer que me identifiqué totalmente con Diego, ese ser que cree en el amor y en la idea del amor, que es cursi a morir, que da brinquitos cuando algo le emociona, que es empalagoso, fiel, que no consume drogas, que es la antítesis del estereotipo gay: no tiene cuerpazo ni tatuajes, ni viste a la moda ni usa jeans ajustados, no va de cama en cama y su relación de pareja es su prioridad número uno. Me encantó también que, al igual que yo, pudiera disfrutar de cosas tan simples como decidir de qué color pintar una pared, de no haber probado poppers ni tachas a sus 30 años, de sorprenderse diariamente de las cosas que los demás dan por sentado, de disfrutar una caminata escuchando una canción en su Ipod.
Me vi tanto en Diego que me asustó y me asustó porque también vi cuando yo por “amor” me convertí en el satélite de alguien más, cuando yo libremente opté por dejar de brillar con luz propia (y mira que si brillo) para conformarme con el reflejo de mi astro rey amado. Cuando cancelé reuniones, cambié planes, acomodé viajes y rutas por “amor”. Me asustó ver que, al igual que Diego, yo también me había olvidado de mí, de mis gustos, que había vivido con temor de hacer enojar al ser amado, que idolatré como un idiota y hasta los defectos los vi como virtudes, que estuve dispuesto a todo por lo que ahora se eran migajas de tiempo, de cariño.
Por el otro lado está Ulises, con él no comparto ni fisionomía ni estilo de vida. Ulises es guapo, cuerpo de gym, echado pa´lante, aventurero, ligador, experimentado con los placeres carnales y las sustancias prohibidas, directo, hirientemente directo y egoísta. Pero, también como yo, es cuadrado y rutinario, le cuesta trabajo dejar entrar a alguien y aún cuando lo intenta hay una parte de él que no deja que se suelte, que se entregue a plenitud. Como a mí, le gustan los silencios y le molesta la plática vacía. Como yo, no se puede enamorar de alguien cuya vida gire en torno a la de uno, se sofoca con muestras excesivas de cariño aunque en el fondo las valora y como yo, quiere tener a su lado un hombre al que admire y no un niñato.
De Ulises me asustó el ver que yo también he sido como él, también he dejado que me quieran sin querer, también he sido grosero con aquellos que mejor me han tratado, también me he sentido sofocado por el amor que irónicamente en teoría deseo, en resumen también he abusado del cariño y del amor que se me tiene cuando no he amado con la misma intensidad.
Hay una parte en la novela que se me quedó muy grabada: Diego y Ulises van a bailar y Diego le intenta tomar la mano a Ulises quien se la quita y le dice que él no es ese tipo de persona. Se me quedó grabada porque a mí también me dijeron que no era ese tipo de persona cuando al ir a bailar no me quisieron dar la mano y sentí horrible, y aguanté vara e hice cualquier cantidad de concesiones que atentaban contra mí, contra mi dignidad, contra mi esencia. Pero también se me fijó porque yo también he escabullido manos y besos de quien no he estado enamorado, de esa persona que llena el vació físico pero no el emocional, porque yo también he sido el cabrón rehuyendo el cariño de quien me quiere.
En En el filo de tu piel me enfrente a reconocerme en ambos personajes, en lo que amaba y odiaba de cada uno de ellos, fue como una sesión con mi psicólogo pero con una duración de más de 50 minutos. Creo que lo importante no es si he sido más Ulises o más Diego sino ser lo que amé de cada uno de ellos y evitar lo que odié de ellos y de mi mismo.
El libro que llegó a mí en una Feria del Libro entre literal miles de textos, el libro que compré sin saber de qué se trataba ni quien era su autor, el libro cuyos protagonistas son una pareja homosexual pero que no tiene necesidad de describir sus órganos sexuales ni llenar páginas de descripciones de encuentros sexuales (como muchos libros con parejas gay como protagonistas), el libro que está escrito tan honestamente que te llena de emociones y las emociones no tienen orientación sexual. Ese libro me recordó que una pareja es la suma de dos individuos, con vida propia e independiente, ese libro me recordó que no hay que cambiar quien se es para agradar ni para que te quieran, y también me recordó que no se vale abusar de quienes están enamorados de uno pero uno sabe que jamás pasará nada. Ese libro llegó en el momento justo con las frases exactas, ese libro no es sólo una lectura agradable y bien escrita, es un libro que confronta y que cimbra. Ese libro querido lector no te lo debes perder.
5 me dijeron cosas:
Gracias por tu comentario, Héctor. Un gusto y un agrado saber que mi libro fue leído por buenos ojos. Muchos saludos. José Ignacio.
Hablando de dar brinquitos y emocionarse como un niño. Wow no puedo creer que leíste mi post. Increible el poder de internet, me has hecho el día y me has pegado un susto de muerte al recibir la notificación de tu comentario en el celular :)
Muchas gracias por el comentario.
Saludos,
Héctor
Buen post, pero es estúpido opinar de lo que se desconoce. Prometo leer el libro, volver y comentar. Si tan profundamente marca a alguien, vale la pena la lectura.
Un saludo
Héctor,
Esta es la primera vez que leo tu blog y debo decir que me has llegado totalmente. Aún no he leído el libro, pero gracias a ti ahora quiero hacerlo.
Tu manera de escribir y describir de qué manera te afectó el mismo me ha atrapado.
Ý sin saber más detalles de los personajes, que los que das aquí, también me he identificado y creo que cualquier podría hacerlo.
Todos, en muchas ocasiones, hemos sido entregados y , otras tantas, hemos jugado el papel de quién abusa del amor que se le tiene...
Apostemos porque estas últimas sean las menos...
ps. nos leemos
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